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CASAS Y EXPERIENCIAS



Sé que con la que está cayendo estos días lo último que te apetece ver son terrazas o zonas al aire libre. Pero seguro que tienes algún recuerdo tan bonito y cálido en un espacio de este tipo que si te pones a recordar sientes hasta calorcito.

Al menos eso me pasa a mí cada vez que recuerdo esta terraza. Bueno, en realidad, siento más calidez que calor. Hace ya seis años, a través de la universidad, tuve la fortuna de hacer un intercambio a Guadalajara, México. No te voy a hablar de cómo fue el viaje ni de lo que sentí en un país tan extraño al principio y de costumbres tan distintas. Pero antes de seguir sí me gustaría decirte algo:




Cruzar el atlántico y llegar a un país tan distinto. Ver rostros y facciones desconocidas y encima estar los tres primeros días sola fue, por un lado, bastante duro porque con veintidós años y sin haber salido a penas de Canarias imagínate. Pero por otro fue una de las mejores experiencias de mi vida. Y además de lo vivido, lo aprendido, lo experimentado regresé a casa con la certeza de que la frase anterior encabezaría cada nueva situación u oportunidad que se me presentara.

Así que la siguiente vez que pude vivir en otro país una de las cosas que me propuse fue disfrutar desde el minuto uno. Empaparme de todo lo que pudiera y, sobretodo, perder mi vergüenza a hablar con desconocidos. Y, en parte, lo hice. Porque una cosa es el impulso y la energía que desprendes con la ilusión del principio y otra verte de nuevo fuera de tu zona. 


Pero esta vez en Italia, concretamente en un pueblito llamado Ascoli Piceno llevaba algo con lo que no contaba la vez anterior: mi compañera de vivencias. Dicen que viajar sola es algo que toda persona debería experimentar. Bueno, yo sola solo he viajado una vez y me la pasé llorando tres días muerta de miedo. Lo que yo te puedo decir es que hacerlo acompañada por alguien que comparte tu miedo pero también tu ilusión y con quien, además, tienes un montón de intereses en común y muchas muchísimas horas de trabajo compartido, facilita mucho que disfrutes la experiencia. México me regaló la posibilidad de conocerla mejor. Italia me concedió el regalo de su amistad. Y hoy (y desde entonces) la considero también parte de mi familia.

Esta es una de las maravillas que te puede aportar la convivencia. Quizá te hayas cansado de leer porque venías buscando un post dedicado a la decoración y te has encontrado con las palabras que salen de una tía a la que le picó la nostalgia (debe ser cosa del frío, es que en Canarias no estamos acostumbradas a escribir con calentadores en las manos a 9ºC). Si aún sigues leyendo te digo que sí que voy a hablar de lo que va este blog. Pero esta parrafada introducción te pone en situación de comprender lo que quiero explicarte a continuación sobre la importancia de cuidar el espacio que ofreces a los demás.


Mucho se habla sobre las viviendas en venta o alquiler que lejos de resultarte tentadoras más bien te empujan a salir corriendo. Todavía si sabes que el potencial que tiene te permitirá, con un poco de esfuerzo, arreglarla y sentirla tuya pues, bueno, te lo piensas. Pero si sabes que el tiempo que vas a pasar en ella tiene fecha de caducidad y que no estás en posición de dedicar tiempo a arreglar nada, entonces agradeces mucho que un propietario se tome la molestia de ofrecerte una casa cuidada y que favorece mucho la comodidad y la buena convivencia incuso cuando las dimensiones no son las más apropiadas.

He tenido, las dos veces, la suerte de habitar dos viviendas limpias, bonitas y confortables.  Y eso ha influido mucho en que recuerde mi tiempo en ellas con una sonrisa. Es cierto que las personas con las que convives también tienen mucho que ver y en Italia además viví con un grupo de personas amorosas y muy responsables. Pero para mí, y también para ellos aunque la decoración no les apasione, que la casa estuviera en buenas condiciones estéticas y estructurales (menos por una cuestión de radiadores) fue importante llegar cada día de clase a una casa que era un hogar.


Justo ayer compartía por Facebook un artículo que habla de la importancia de una casa equilibrada para vivir en armonía y cómo conseguirlo con acciones pequeñas pero decisivas. Estas casas reunían algunos de esos requisitos, los que sólo pueden ofrecer quienes ponen la casa a punto para que luego sea ocupada por otros. El resto dependen de quien la habite. Pero creo que cuanto más amor demuestres tú como propietaria sobre tu vivienda, más cariño y respeto pondrán los inquilinos que hagan su vida en ella. Es verdad que se dan casos totalmente contrarios e incluso extremos. Pero, si por eso, te despreocupas pensando en que no eres tú quien va a vivir ahí, que solo te interesa recibir el dinero cada mes y que quien venga que la arregle. Solo estás favoreciendo la entrada de gente que no se siente recibida por ti y, peor aún, estarás dejando claro que te importa poco tu casa. Así que porqué les va a importar a ellos.

Además, sentir que vas a vivir en un espacio cuidado consigue que lo sientas como hogar. Porque sabes que antes que tú es posible que fuera el hogar de otra familia o grupo de personas y ahí se conserva mucha historia. Creo que siempre se queda un poco de energía en una vivienda. Y eso se siente. 

Disfruté mucho de vivir en estas dos casas. Aprendí un montón sobre las costumbres de cada país y ciudad haciendo vida en ellas. Que estuvieran en buen estado favoreció mucho mi concentración para estudiar (sí, algunos Erasmus estudiamos y mucho cuando vamos fuera no todo son fiestas como se suele decir). También aprendí a cocinar de un modo distinto, descubrí nuevos sabores y disfruté meriendas degustadas en una situación poco corriente para mí. 

 

Una casa es un paréntesis. Es un refugio. Es un nido. Una casa es un diario, un libro. Una casa es un fragmento. Es una parte de tu historia. 

Y mi historia ha estado marcada en una buena parte y de una forma muy intensa por estas dos casas. Y que hayan estado tan bien cuidadas ha influido en que algunos de mis mejores recuerdos hayan transcurrido en ellas.

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Y tú, ¿has vivido en muchas casas?

¿Qué experiencia has tenido en ellas?

¿Te suena algo de todo esto?

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4 comentarios:

  1. Tienes mucha razon con lo que dices si tu no demuestra interes por tus cosas y tienes cuidado con ellas nadie lo va a tener!!besos

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    1. Sí, pienso que ese es el principio. Dar para recibir. Muchas gracias por comentar guapa. Un abrazo.

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  2. Yo creo que es normal la sensación de que las casas alquiladas son frías porque la calidez la tenemos que aportar los habitantes, poco a poco y con cariño y pequeños detalles. Hay que dejar que una parte de nuestra personalidad las vaya poblando hasta sentirlas nuestras. Besos!!

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    1. Sin duda lo detalles personales le dan sentido. Pero que la casa esté en buenas condiciones ayuda mucho. Muchas gracias Alicia por pasarte y comentar. Un abrazo.

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